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La escuela no tiene quien la defienda

Nos encontramos con uno de los problemas de fondo de aqueja al sistema educativo: la escuela no tiene quién la defienda, bien por falta de un liderazgo político capaz de influir en la escala de prioridades del gobierno y lanzar directrices claras, bien por falta de unidad de acción de la comunidad educativa incapaz de urgir al poder político a abordar los retos para el aprendizaje que supone una educación a distancia

El derecho a la educación es el derecho a aprender. Después de más tres meses desde el cierre presencial de las escuelas, llega el fin de curso; en este tiempo hay  quien no ha aprendido nada, hay quien ha aprendido poco y hay quien simplemente ha cubierto el expediente. Todos, alumnos y alumnas, han visto como su proceso de aprendizaje se ha visto afectado por una decisión tan drástica y sobrevenida como fue el cierre de los centros escolares.

Educar es también trabajar por generar condiciones de posibilidad para todos, y en estos más de tres meses que han estado cerrados los colegios, son muchos los que se han dado de bruces con una realidad incómoda, pero ya conocida, las condiciones de igualdad para acceder a la educación no se dan en el sistema educativo vasco.

La educación se ha enfrentado estos meses al hecho insólito de ver cerradas las aulas y traducir todas sus metodologías al mundo digital. Esta situación de cierre nos ha mostrado como lo más importante de la educación es algo más amplio que la narración y transmisión de contenidos. Nos ha confirmado lo que muchos estudios ya decían, que lo más relevante es la construcción de un flujo de relaciones sociales rico y diverso, en el aula y en el centro educativo, la construcción de líneas de colaboración entre los propios docentes, entre los propios alumnos y la creación de otras maneras de trabajar dentro del aula y con el entorno donde se ubican los centros. En definitiva, se trata de poder generar situaciones de trabajo enriquecidas, que produzcan relaciones con sentido. 

Habitualmente, en los procesos de reforma de las leyes de educación se modifica el número de horas y los contenidos, en una suerte de ir añadiendo y restando conocimiento, cuando, como hemos visto, los contenidos sin competencias, los contenidos sin relaciones nos llevan a un método de aprendizaje desigual porque se basa en la disponibilidad o no de recursos (digitales en este caso), en la posibilidad o no de apoyo familiar, en el acceso o no a conocimiento complementario que enriquece y mejora el proceso de aprendizaje.

Pensar que todos, independientemente del lugar y de las condiciones en las que vivimos, podemos aprender igual es una falacia que la pandemia nos evidencia como real. Pensar que la educación es una mera transmisión de contenidos, no se acerca a la realidad del aprendizaje. La escuela se ha evidenciado así, como un espacio igualador de socialización, de afectos, de intercambio de experiencias del que participan el conjunto de niños, niñas y adolescentes y esta constatación nos debería servir para pensar el sistema educativo de otra manera que no responda exclusivamente a la capacidad individual de aprender. 

Partiendo de la idea de que la educación es una actividad esencial para el progreso personal y colectivo, ¿qué es lo que ha pasado para que la apertura de las escuelas no haya ocupado un lugar predominante en el debate público? Industria, turismo, hostelería, comercio, liga de futbol, pelota… han tenido un espacio en la opinión pública que ha permitido que, o bien no cerrasen durante el confinamiento, o bien se hayan podido incorporar a la normalidad lo antes posible. 

No ha ocurrido así con la escuela, pese a que su cierre afecta al conjunto de la sociedad, impactando de manera directa en las familias. De esta manera, se ha producido una paradoja en cuanto a las dinámicas que permiten que los temas entren en la agenda pública. Si el salto de un problema a la agenda política (o pública) se produce, en parte, cuando es relevante y es socialmente transversal y mayoritario (afecta a todas las capas de la sociedad), la apertura de las escuelas ha quedado fuera del debate público predominante porque sus protagonistas, la comunidad educativa en su conjunto, no ha mostrado una unidad de acción que traslade el mensaje inequívoco de que la escuela no podía permanecer cerrada por más tiempo (por el impacto negativo que tenía en el aprendizaje de los alumnos). 

Y así nos encontramos con uno de los problemas de fondo de aqueja al sistema educativo: la escuela no tiene quién la defienda, bien por falta de un liderazgo político capaz de influir en la escala de prioridades del gobierno y lanzar directrices claras, bien por falta de unidad de acción de la comunidad educativa incapaz de urgir al poder político a abordar los retos para el aprendizaje que supone una educación a distancia.

El próximo 12 de julio se celebran elecciones en Euskadi, los partidos políticos que concurren a las elecciones se enfrentan al reto de conseguir que los grandes temas de gobierno ocupen la agenda pública más allá de la gestión del COVID-19. Será un buen momento para ver qué protagonismo ocupa la educación en el debate político, si es capaz de abrirse hueco, qué propuestas se ponen encima de la mesa tras cuatro años en los que no se ha podido tramitar la nueva Ley vasca de educación comprometida en el plan de gobierno de la anterior legislatura. La pandemia les ha dado muchas pistas, y septiembre está a la vuelta de la esquina. Somos todo oídos. 

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