Se consolida el cambio de paradigma en el orden mundial. El marco multilateral y globalista que había dado cierta estabilidad en las últimas décadas deja paso a una lógica más cruda en la que cada actor trata de priorizar su propio poder, seguridad e influencia.
El regreso de Donald Trump a la Casa Blanca acelera esta transición: vuelve la agenda de aranceles, proteccionismo, acuerdos bilaterales hechos a medida e intervencionismo, mientras debilita las instituciones y reglas compartidas. Al mismo tiempo, los conflictos armados se recrudecen, las intervenciones militares se normalizan y las sanciones económicas se consolidan como arma geopolítica. A todo ello se suma un clima político cada vez más polarizado, marcado por la radicalización del discurso, una menor disposición al compromiso y un aumento, tanto del descontento social como del respaldo a proyectos ultraderechistas y autoritarios.
Los diez hitos que han marcado este año no son episodios aislados, sino la expresión de un nuevo escenario más fragmentado, competitivo y violento, en el que la fuerza y el cálculo de poder pesan más que las instituciones comunes y el derecho internacional.


